"No seas como tantos escritores, no seas como tantos miles de personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso, no te consumas en tu amor propio."

Charles Bukowski



9 de julio de 2012

Entrevistas en profundidad: Hoy, Mickey Mouse



Pregunta - Siempre has dicho que Walter Disney ha sido lo más parecido que has tenido a un padre, pero ¿quién fue tu verdadero padre?
Respuesta - ¿Tú qué crees? Una jodida rata de cloaca.

P - ¿El ratoncito Pérez quizás? se ha oído en muchos sitios esa historia.

R - ¿El puto ratoncito Pérez? no jodas... no todos los chinos son parientes de Bruce Lee ni todos los elefantes son hijos de Dumbo... pero eso a los blancos occidentales os la suda. No, a mi padre no lo conocían ni en su casa. Quizás en el bar si lo conociesen... quizás. Siempre volvía a casa apestando a vino.

P - ¿Cómo empezó tu pesadilla con las drogas?
R - Desde bien pequeño (mira por la ventana, recordando). Cuando estaba en Chicago y todavía no conocía siquiera Hollywood, empecé a fumar cigarrillos. Además, siempre que la ley seca nos lo permitía, bebíamos a escondidas, normalmente vino y orujo. Los chicos pobres no conocíamos otro entretenimiento. Eran borracheras inofensivas, después de largas jornadas de curro. Pero todo se me fue de las manos cuando llegué a Los Ángeles. Joder, en aquel entonces empecé a ganar mucha, muchísima pasta. Cantidades enormes de dinero que no sabía en que gastar. Al final te acabas convenciendo de probar toda esa mierda.

P - ¿Y qué es "toda esa mierda"?
R - Cocaína, opio, marihuana, crack... lo único que no probé nunca fue la heroína. No hay heroína en Los Ángeles. ¿Pero me vas a hacer las mismas jodidas preguntas de siempre?

P - Lo siento Mickey, no tocaremos más el tema, entiendo que estés cansado de hablar de ello.
R - Muy cansado, creeme.

P - ¿Conservas algún amigo de tu primera etapa en el cine?
R - (Suspira largamente, y los ojos le brillan de melancolía. Ya no es ese actor atormentado y rebelde que le gritaba a los periodistas que le molestaban. Sólo queda un viejo ratón abatido, al que le cuesta mantener la postura en el sillón mucho rato). No... desde que Minnie me dejó dejamos de vernos todo el grupo. De vez en cuando por nuestros cumpleaños, Donald y yo hablamos un rato por teléfono. Pero de los demás hace tiempo que no sé nada.

P - Tu divorcio de Minnie llenó las portadas de medio mundo. Se habló de infidelidades, del fin del cine infantil... y al final, todo quedó en nada, seguisteis vuestra vida cada uno por su lado... ¿qué recuerdas de aquella época?
R - A los periodistas os encanta inventaros historietas más falsas que mis películas. Minnie me dejó por mi adicción a las drogas. Fue muy de frente y se lo agradezco, lo dejó claro en los medios, y en nuestro grupo de amistades. Sus líos amorosos con Tom y Jerry fueron muy posteriores.

P - ¿Les guardas rencor?
R - ¿A quién? ¿A Tom y a Jerry? No coño, son dos chavales de lo más majos. Es más, en sus principios en Hollywood yo actué como su padrino, solo que más tarde se irían a la competencia porque en aquel momento Disney estaba saturado de estrellas.

P - Hablando de la competencia, ¿Es verdad que tuvo una oferta de Warner para trabajar para ellos en los años 60?
R - Sí, es verdad. (Se toca los botones blancos de su inseparable mono rojo un poco nervioso). Y la oferta era muy generosa. Además mi relación con Bugs Bunny siempre ha sido inmejorable, y me aseguraron que no me cruzaría ni una sola vez con el insoportable pajarito de los huevos...

P - Piolín
R - Eso es, Piolín. Pero al final decidí que no podía abandonar a Walter Disney. Gracias a él había llegado donde estaba, y hubiese ido contra mis principios dejarle tirado. Y eso que Goofy me insistió en que me fuese. Creo que él quería más protagonismo...

P - Además de su enemistad con Piolín, siempre serán recordadas sus disputas en los rodajes con Daisy, la antigua novia de Donald. ¿Nunca lo arreglaron?
R - No. Daisy estaba empeñada en que yo era una mala influencia para Donald, y yo le decía que Daisy le tenía cogido por los huevos. Donald lo sabía, pero también la quería ciegamente, así que no tuvimos más remedio que seguir peleándonos hasta que ella murió. Creo que en ese momento hice las paces con ella... (una lágrima se escapa sin querer de los ojos de Mickey que se quita las gafas y se frota los ojos. Luego se las vuelve a poner y recobra la compostura). Nunca la odié, es más, la apreciaba mucho, pero no me dí cuenta hasta que no le echaron tierra por encima del ataúd.

P - Bueno Mickey, muchas gracias por la entrevista que nos has concedido. Sólo para finalizar, me gustaría que aclararas el misterio de tus guantes, si es posible. ¿Por qué nunca te los has quitado?.
R - ¿Que por qué? Quizás porque tengo unas manos horribles de cuando trabajaba en la obra... o porque me recuerdan a las de mi padre. No sé, si te digo la verdad ya no me acuerdo de porqué no me los quito, y me da miedo hacerlo por lo que pueda pasar.


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